Cómo mola que te visiten

Está claro que la experiencia erasmus para una persona, es una auténtica pasada. Pero si a ello le añades el poder compartirlas con amigos, pareja y familiares…la cosa mejora. Mostrarle a estas personas la pasión que sientes por tu destino erasmus, es una de las mejores experiencias (y estresantes) que puedes vivir de intercambio.

Por supuesto, depende muchísimo de a quién estés visitando que lo pases mejor o peor, que hagas más o menos cosas. En mi caso, me tomo muy en serio las visitas, me obsesiono, me pongo muy nervioso. Quiero impresionar, dejar huella.

Me gusta que, de la misma forma que transmito mi pasión por Sevilla cuando estoy allí, también pueda hacer lo mismo por Nápoles, estando aquí. Planifico, organizo, busco rincones, estudio información turística, vigilo la meteorología, etc.

Sin embargo, en mis últimas visitas (en las cuales me lo he pasado “der carajo”) he aprendido a través de un amigo que hay que dejar las cosas fluir. En primer lugar porque Nápoles no se puede ver en un par de días, requiere al menos una semana para hacerte una ligera idea de la inmensa belleza de esta ciudad (mucho tiempo).

En segundo lugar porque los que vivimos aquí, adquirimos un estilo de vida veloz, acelerado y diverso al del resto del mundo. Bien porque somos erasmus y nuestras prioridades son distintas o bien por ejemplo, por la cantidad de kilómetros que se recorren en esta ciudad. De hecho, de media suelo hacerme unos 15kms.

Lo que pretendo con esta entrada, es dejar reflejados los mejores momentos que he pasado con esas visitas. Han sido muchas horas, muchas experiencias, cientos de fotos, pero algunos de los siguientes me han marcado, sin duda.

Empezaré mencionando que la primera visita que recibí fue la de mi madre, que tuvo el coraje y el detalla de acompañarme en mi primera semana. Le hice andar muchísimo, me acompañó a hacer la burocracia, aguantó mi ansiedad y me ayudó a instalarme. Podrá parecer innecesario para un erasmus, pero yo, le doy las gracias.

A continuación vino Marta. Era mi segunda semana y aún no sabía mucho de Nápoles. Sin embargo (y pese a que ún estaba inmerso en mi adaptación), fue una semana increíble en su compañía. Además fue una perfecta invitada. La cosa mejoró aún más en su segunda visita a finales de Marzo, por sorpresa.

Estaba poniéndome las lentillas en el baño, preparándome para salir con mis amigos Leo y Miguel (también de visita), cuando de pronto escucho que se abre la puerta del piso, que entra alguien y que se abalanza sobre mí. Me quedé super pillado en plan: ¿quién es? ¿qué hace Leo abrazándome en plan random? (porque reconocí una silueta femenina). Pero no, era mi novia que vino a visitarme por sorpresa.

De esta visita me quedo con este momento, con nuestro pequeño viaje a Sorrento y con la cena cuasiromántica que tuvimos en la Pizzería Sorbillo. Sorrento, porque mola mucho para ir de tranquileo y echar el día. Es la antesala de la Costa Amalfitana:

Sorrento con Marta

En segundo lugar, la cena en Sorbillo. Si recibes visita y quieres llevarlo a un lugar donde podrás comer la mejor Margarita en relación calidad-precio de Nápoles, probablemente Sorbillo sea el lugar idóneo. Se curran mucho la presencia.

Vamos ahora a hablar de la visita de Beatriz. Ella tuvo el detalle de cogerse parte sus vacaciones para venir a visitarme, a hacerme compañía y a alegrarme el mes. Fueron muy poquitos días, pero nos dió tiempo de hacer muchas cosas.

Aunque fue duro, el mejor momento de esta visita fue cuando subimos al mirador que está junto al Castillo de San Telmo. Ese día estaba lloviendo a mares y nos hicimos la Pedamentina San Martino (una cuesta de escaleras horrible), empapándonos, calléndonos la “moja” del siglo y llegamos arriba aguados.

San Telmo con Beatriz

A continuación vinieron Sara y Oche, una pareja de amigos. Después de unos días pateándose Roma hicieron una última escala en Nápoles. Durante el día y medio que estuvieron conmigo, pude enseñarles parte de la esencia de la ciudad y sobre todo…la comida. Fue un intensivo de comida napolitana que supo a gloria.

De su visita me llevo nuestra visita al Castillo de San Telmo, donde esta vez sí que subimos a sus almenas y pudimos ver la mejor vista de la ciudad de Nápoles. Todo ello acompañado de una Zeppola di San Giuseppe. Gracias por la visita.

San Telmo con Sara y Oche

Para casi finalizar, querría reflejar la visita de otra pareja de amigos: Leono y Miguel. También pillaron parte de sus vacaciones y viajaron desde Reino Unido a Nápoles para visitarme, y por ello les estoy enormemente agradecido.

Fueron unos días muy intensos donde la ansiedad me carcomió un poco por dentro, porque quería enseñarselo TODO. Pero como me dijo Miguel: con tranquilidad, y deja que todo vaya surgiendo. Así fue y espero, pasamos unos buenísimos días.

De esta visita me quedo con el aprendizaje que me han aportado para próximos invitados, del buen rollo que tuvimos durante los días que estuvieron aquí, del trote que les metí y de la que probablemente fue, mi mejor noche de fiesta erasmus.

Casualmente, fue la noche que llegó Marta de sorpresa. SIn embargo esa noche salimos todos juntos: amigos erasmus y amigos visitantes. Empezamos en Bellini con cervezas y Fragollino, charlando y disfrutando del ambiente universitario.

Terminamos en el que, para mi, es el mejor local de fiesta de Nápoles: Greenwich. Allí cayeron un par de chupitos, más cerveza (incluyendo una coronita) y buenísima música latina (especialmente bachata y reaggeton). Sólo diré: “pásame la botella”.

20170326_034450

Pero ¡ojo! que aún no han acabado las visitas. Si todo va bien recibiré la visita de mis padres (lo cuál me hace muchísima ilusión), y a escasas semanas de volver a casa, espero poder volver a recibir a Marta para explotar la Costa Amalfitana.

Sin dudas Nápoles es una ciudad que me está dando muchísimo, que me está haciendo vivir unos momentos que jamás podré olvidar y que me está permitiendo compartirlo con gente a la que quiero muchísimo. El erasmus, da para mucho.

Para finalizar la entrada, me gustaría darle las gracias a todos y cada uno de los que me han visitado. Por tomaros la molestia de venir, por gastar vuestro tiempo y dinero en venir hasta Nápoles, por hacerme tan jodidamente feliz. Gracias.

Y también daros un consejo a los erasmus del futuro: enseñad vuestro destino erasmus como si fuera vuestra casa, con pasión, con entusiasmo, mostrando lo más auténtico, lo más importante y sin olvidaros de disfrutar cada momento.

Cada rincón del mundo tiene sus particularidades, tiene su belleza y somos nosotros los encargados de descubrirlos y de compartirlos con los demás bajo el prisma de nuestras vivencias. Nápoles, mola mucho y que te visiten, aún más. Ciao tuttifruti.

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